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Horrible jalada de bolas del HP Bobolongo al reyezuelo de España
arza coñoo
Editorial de Bobolongo
Carta al rey -
Resulta lógico que los españoles y sus descendientes en Venezuela pidan públicamente que se atiendan sus reclamos ante la ola de expropiaciones que el gobierno rojito ha desatado contra ellos. No se trata de vendedores de baratijas, o de traficantes de drogas sino de gente decente que reside desde hace años en este país trabajando duro y cumpliendo con la ley. No han hecho otra cosa que sembrar el sudor de su esfuerzo y producir riqueza para Venezuela.
Ahora se ven en la penosa necesidad de solicitarle al rey de España y a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno español, ayuda para que el Estado venezolano cumpla con sus promesas y les pague las indemnizaciones a las que tienen derecho según las leyes venezolanas y los tratados firmados entre Madrid y Caracas, que garantizan el respeto a la propiedad privada y el trato equilibrado ante los tribunales.
Lo que pasa es que los españoles se imaginaban que este era un gobierno serio y responsable, y así se los vendió el ingenuo de José Luis Rodríguez Zapatero, gracias a Dios expulsado del poder por los votos de los ciudadanos. Pero Zapatero sabía desde un principio que en este régimen militar rojito los civiles llevaban las de perder porque no existe nada más atropellador de las leyes que un uniformado gobernando, y que a nadie le gusta más apropiarse de lo que otros han construido que un hombre que tiene las armas de su lado.
Con el tontuelo de Zapatero en el poder y con la promesa de contratos de construcción en astilleros españoles de buques patrulleros para la marina venezolana (¿quién se habrá quedado allá y aquí con las millonarias comisiones?) el gobierno del PSOE se cepilló como quiso su deber de apoyar a los sectores democráticos de oposición que pugnaban por detener la destrucción de las instituciones venezolanas.
Lo que el PSOE no entendió, o se hizo el sordo y el ciego, es que en la medida en que se firmaban contratos millonarios para mantener puestos de trabajo en los astilleros españoles, el Gobierno venezolano adelantaba paso a paso una ofensiva para despojar a los españoles de sus tierras que, con tanto esmero, habían convertido en cultivos rentables. De esa manera cruel e insensata, los militares rojitos dejaron en la calle a centenares de agricultores de origen español pero, y aquí surge la paradoja, al mismo tiempo tiraban a la pobreza más miserable a quienes eran empleados y obreros venezolanos de esas explotaciones agrícolas.
Luego de la expropiación de las tierras y de las instalaciones ubicadas en esos terrenos, los militares rojitos pasaron a tomar las empresas fundadas por ciudadanos españoles para, precisamente, prestar servicios, suministrar maquinaria y adelantar facilidades de créditos a los agricultores. Como aquí no está permitida constitucionalmente la confiscación, entonces los pillos de uniforme expropian pero no pagan, lo que resulta lo mismo.
Ahora Venezuela exporta desempleo hacia España
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