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miércoles, 21 de julio de 2010

"EL CRANEO DEL LIBERTADOR 2 parte"


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por José Sant Roz

En un artículo anterior me referí al trabajo de investigación del doctor José Izquierdo, publicado en su libro “El cráneo del Libertador Simón Bolívar” (ediciones Edime, Caracas-Madrid, 1956), el cual como dije, fue largamente comentado por el señor Presidente Hugo Chávez, hace más de dos años.

Muy apropiado para el momento sería que se cumpliera el deseo del señor Presidente de que la editorial El Perro y la Rana re-editara ese libro de Pepe Izquierdo.

Volvemos sobre el tema de este supuesto cráneo del Libertador encontrado por el doctor Izquierdo y que causó un escándalo mayúsculo a principios de 1947, tanto en la Asamblea Constituyente, como en el cuerpo diplomático de las naciones bolivarianas: Panamá, Colombia, Ecuador y Perú.

Habiendo encontrado el doctor Izquierdo un cráneo en la cripta de la familia Bolívar, bajo de la capilla de la Santísima Trinidad en la Iglesia Catedral de Caracas, lanzó la hipótesis, que por tratarse de un cráneo autopsiado, seguramente se tratara del cráneo del Libertador. Para despejar las dudas había entonces que abrir la urna del Libertador que se encuentra en el Panteón Nacional.

Pero entonces esta proposición generó el pánico entre los cobardes políticos e historiadores de entonces.

Planteaba el doctor Izquierdo que unos pocos prefirieron callar por miedo a encontrar en la urna del Libertador algo más terrible que el vacío o que la simple falta del cráneo.


Es probable, dijo, que esa urna hubiese sido profanada y que los sagrados restos hubiesen sido reemplazados huesos de animales, pues muchos de esta clase aparecieron en el macabro montón que yacía en el suelo de la cripta.


Ya vimos como el doctor Vicente Lecuna se indignó groseramente con el doctor Izquierdo. Y sostenía Izquierdo que esa conducta se debía por qué la gente se había enterado del desorden que había en aquella cripta y porque no había sido el señor Lecuna quien hubiese encontrado aquel cráneo.


Ante estas palabras del doctor Izquierdo sobre la actitud de Lecuna, Andrés Eloy Blanco respondió: "Aquí lo único que pasa es que el doctor Lecuna cree que Bolívar es de él, que después es de la Academia de la Historia, y que después es de Venezuela".


A partir de aquí se generó toda una discusión en el seno de la Asamblea Constituyente, en la Academia de la Historia, sobre si se debía abrir o no la urna del Libertador que reposa en el Panteón. Era la única manera de saber si realmente aquel cráneo encontrado por el doctor Izquierdo era o no el del Libertador. Había sostenido el doctor Izquierdo que si en la urna en el Panteón estaba el cráneo, entonces era indicio bastante importante de que el que él había encontrado no fuese el del Libertador.

¿Pero qué pasaría si en esa urna no estaba el cráneo? Ese era el gran dilema y la gran preocupación del científico José Izquierdo.

A las 9 de la noche del día 5 de febrero de 1947 se reunieron en la Cámara del Senado los miembros de la Comisión en la que se encontraban el doctor Santos Dominici, miembro de la Academia Nacional de Medicina; el doctor Arturo Guevara, supuesto antropólogo designado por la Academia de la Historia; el doctor Mario Briceño Iragorri, secretario de la Academia Nacional de la Historia; el doctor Gonzalo Barrios, gobernador del Distrito Federal, el doctor Félix Ángulo Ariza, miembro de la Alta Corte Federal y de Casación; el doctor José Manuel Padilla, Procurador General de la nación; el doctor Pablo Izaguirre, profesor de Anatomía y el doctor Pepe Izquierdo.

En esta reunión el doctor Dominici sostuvo que lo único que debía hacerse era ir al Panteón y abrir esa urna y que eso debería ser hecho sin pérdida de tiempo.


El doctor Briceño Iragorri planteó que esa urna él la había visto en 1930, y observó en ella una abolladura que correspondía al cráneo. Esto resultaba de lo más absurdo por cuanto que la abolladura, no necesariamente tenía que ser porque contenía el referido cráneo.


Andrés Eloy Blanco sostuvo que el país entero estaba pendiente del asunto. Que la opinión aquí y en toda la América no iba a quedar satisfecha mientras no abriera la urna del Libertador. “Por abrirla –sostuvo- no debemos temer reproche alguno de la posteridad, no había un motivo de simple curiosidad, eso sería una profanación: nos guía un justificado motivo de verificación. En las actuales circunstancias después del problema planteado por el doctor Izquierdo, no podría haber profanación abrir esa urna, como tampoco fue profanación cuando el doctor Vargas la abrió en Santa Marta y luego en Caracas para asegurarse de su contenido y preparar los restos.


Se supone que el cráneo del Libertador contenido en la urna tenía unas aldabillas de plata que para la época costaron 20 reales, y que fueron colocadas por el doctor Vargas.


Era tal el temor del grupo allí reunido que a medida que transcurría el tiempo comenzaron a dudar y a vacilar en relación de si debía o no abrirse la urna. El doctor Briceño Iragorri propuso que se le aplicaran los rayos X, lo cual fue descartado por cuanto que la urna era de plomo.


Toda esta historia venía preocupando al doctor José Izquierdo desde antes de 1930. Para esa época él había propuesto al Ministerio de Relaciones Interiores hacer un estudio antropológico de los restos del Libertador, prepararlo convenientemente contra la acción del tiempo, y colocarlos en una urna de cristal para que pudiesen ser contemplados en los días de fiestas nacionales; y en 1942 él se dirigió en iguales términos al Ministerio de Guerra y Marina del cual dependía como Jefe del Servicio de Sanidad Militar.

Dice Izquierdo que en ambas ocasiones aquel proyecto fue rechazado, pero que ya en 1947 el patriotismo reclamaba urgentemente la abertura de esa urna porque existía imperiosa razón para dudar de su contenido.


Sostuvo así, en esas reuniones de aquel año de 1947, que mientras no se abriese la urna del Libertador quedaría la duda de que lo que realmente ella contenía.


A las 9 de la noche del día 13 febrero 1947, hubo otra reunión en el Senado. Allí el cráneo fue mostrado a varios políticos, académicos y embajadores de Panamá en un Ecuador, Bolivia y Colombia. Nuevamente el poeta Andrés Eloy Blanco habló de la necesidad de abrir la urna en el Panteón.

Dijo: "yo creo que es necesario proceder a ese inspección de que habla el doctor Izquierdo. Ninguna consideración, ningún argumento histórico, podría bastar para calmar la duda, la excitación y la angustia suscitadas por este asunto. Diariamente recibo numerosas cartas de distintos países".


En esa discusión el doctor Rafael Caldera sostuvo que él estaba convencido de que los restos del Libertador estaban en la urna del Panteón; “pero que si abriéramos esa urna y en ella no aparecieran los restos, eso nada aprobaría en favor de la sospecha del doctor Izquierdo, pues, han podido reducirse a polvo y desaparecer por obra del tiempo. Ya el doctor Vargas cuando lo vio encontró que algunos huesos habían desaparecido".

Esta suposición del doctor Caldera fue severamente rechazada por algunos presentes.

Por ejemplo, dijo el doctor Antonio Requena que él estaba cansado de encontrar huesos antiguos, de siglos, perfectamente conservados.


El poeta Andrés Eloy propuso entonces: "esta sería la ocasión de hacer por suscripción nacional una urna de otro metal más digno del Libertador. También si encontráramos ahí el cráneo aserrado por Reverend, se podría sacar un molde de calidad para reproducir la forma del cerebro".


El doctor Caldera insistió: "yo creo que nada ganaríamos con abrir esa urna del Libertador, puesto que los huesos según dice el doctor Izquierdo no podrían ser identificados. Ya ustedes ven que él mismo dice que el doctor Vargas no dejó los datos necesarios para esa identificación".


El doctor Dominici insistió: "señores, yo insisto en que no queda más camino si no abrir esa urna que se halla en el Panteón para saber si en ella está o no lo que debe estar. Hasta ahora no hemos hecho sino perder el tiempo. Para destruir un hecho hay que buscar el hecho contrario. Mientras estemos aquí con discursos, opiniones personales y consideraciones históricas, no haremos sino perder el tiempo".


El doctor Lander propuso que debería abrirse en aquel mismo instante; que fueran inmediatamente porque él tenía todas las herramientas necesarios para proceder y abrirla.

El poeta Andrés Eloy Blanco sostuvo que la comisión estaba facultada por la Junta Revolucionaria de Gobierno para abrir la urna. Tenía las llaves enviadas por la Junta y que en el Panteón los estaban esperando.

Estaba presente en la reunión el mayor Paoli Chalbaud enviado por el Ministerio de Defensa Nacional con instrucciones para montar una guardia permanente mientras hicieran la averiguación necesaria y la urna quedara definitivamente cerrada. Antes de terminar se preguntó si no se disponía de algún método científico para examinar por dentro la urna sin necesidad de abrirla.

Todo esto generó más escándalo y pánico, principalmente en el doctor Rafael Caldera quien con su típica soberbia dijo: "yo no creo que haya motivo suficiente para que nos decidamos a abrir esa urna. Eso sería dudar de una verdad consignada por la historia y por consiguiente también se podría dudar de lo que nosotros dijéramos después de abierta la urna. Si mañana aparece en la Catedral de Santa Marta un cráneo autopsia cualquiera podría decirse también que ese es el cráneo del Libertador".


El doctor Medina Febres inmediatamente apoyó la posición del doctor Caldera y propuso que únicamente se examinara la urna por fuera.


El embajador de Panamá sostuvo entonces que esa urna no se debía tocar porque encerraba un mito y que ese mito se debía conservar. Que si dudábamos de la palabra de nuestros antepasados la posteridad podría también dudar de la nuestra.


El doctor Izquierdo dijo que se podía dudar de la crónica o de las palabras de simples individuos pero que jamás se podría dudar de la palabra de un grupo grande como aquel que estaba allí reunido, oficialmente pronunciada y autenticada.


El embajador de Perú preguntó que si se iba abrir o no la urna pero que sí se abría le parecía que eso debía hacerse públicamente y no privadamente como se planteaba porque se trataba de los restos de nuestro Libertador y la expectación que había era universal.

Por su parte el embajador de Colombia sostuvo que esa resolución tan trascendental correspondía solamente a los venezolanos o a las autoridades que los representan. En caso de abrir esa urna todo debía estar listo para dejarla definitivamente cerrada después de concluida la averiguación viciada. Que eso no debía ser hecho a la ligera ni misteriosamente. De improviso y casi en secreto pues se le parecía imprudente. Era un acto trascendental que no debía dejar asidero alguno a la duda o a la leyenda. Que eso debía ser realizado con toda preparación y solemnidad porque la precipitación podría dar asidero a la leyenda que es hermana y quizás la hermana mayor de la historia.


Ya a la una de la noche, soñolientos y aburridos de tantos discursos, fue acogida la acertada insinuación de los excelentísimos embajadores del Perú y Colombia; se confió en que la abertura de la urna quedaría simplemente diferida y en que a ese acto ocurrirían todos quienes en esa noche habían deliberado. De improviso el doctor Andrés Eloy Blanco dio a entender que renunciaba a este propósito y que habían terminado aquellas deliberaciones preliminares es decir que la Comisión presentará su informe a la Asamblea Nacional Constituyente y que se encargara de la decisión final.


El cráneo por tanto fue repuesto en su caja con un paquete contentivo de las piezas esqueléticas en la cripta que le habían sido adjunta por exigencias del doctor Lecuna.

La peregrinación del cráneo continuó entre forenses e historiadores.

El 10 febrero 1947, el doctor Briceño Iragorri le confesó al doctor Izquierdo que él estaba de acuerdo con abrir la urna del Libertador. Un informe de la Academia de la Historia señalaba que el haber encontrado un cráneo aserrado en la cripta de los Bolívar en medio de sepulcros violados, fundamentaba con mucha lógica la presunción de que pudiera ser éste el cráneo del Libertador. Lo principal y trascendental era demostrar que éste no era el cráneo del Libertador y que no se veía otro procedimiento para ello que el de comprobar si el cráneo del Padre de la Patria reposaba realmente en la urna del Panteón.


El 25 febrero 1947, el doctor Izquierdo dirigió a la Asamblea Nacional Constituyente un oficio que fue publicado el día 28 del mismo mes en los diarios “El Heraldo” y “El Universal”. En este oficio el doctor Izquierdo pedía la inspección interior de la urna cineraria del Libertador. Hubo fuerte rechazo a esta solicitud diciendo que el doctor Izquierdo buscaba un pretexto para ver los restos del Libertador.


En la discusión en la Asamblea Constituyente el doctor Rafael Caldera expresó también su reprobación por la solicitud del doctor Izquierdo; formuló el doctor Caldera la siguiente curiosa objeción: "abrir esa urna sería admitir que ya sido profanada, lo cual es imposible porque ni siquiera existe una remota probabilidad de tan tremenda y dolorosa sospecha".

Toda una posición jesuítica, y con la típica hipocresía de toda su vida.


También se pronunciaron contra la solicitud los diputados Guerrero, Medina Aceves y el presbítero Pulido Méndez (padre o tío de la copeyana Mercedes Pulido).

Posteriormente, el 1º de marzo el doctor Izquierdo se encontró con el doctor Andrés Eloy Blanco en el hotel Ávila. Allí Andrés elpoeta le refirió que no tenía mucha confianza en el resultado de lo que hiciera la Comisión porque había hablado con algunos diputados y tenía la impresión de que los de Acción Democrática no querían abrir la urna porque les parecía que eso podría acarrear críticas al partido. Seguidamente añadió que él tenía la solución. Que la urna sería abierta porque les quedaba el pretexto de cambiarla por otra que fuese digna del Libertador y sería la oportunidad para ver los restos y saber la verdad.


El 4 marzo, la Asamblea aplazó para el día 6 la discusión final del asunto y el día 6 la aplazó para el día 8.

De modo pues, que se renunciaba a la inspección interior de la urna del Libertador, lo que para el doctor Izquierdo representaba la tácita confesión de la derrota de los que se oponían a revisarla.

Sin embargo se hizo un simulacro de inspección en el Panteón Nacional. El día 8 marzo 1947, los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente, acérrimamente divididos por diferencias religiosas y políticas se unificaron para decir al mundo una mentira que difícilmente hallaría émula en los fastos de la impudicia y del ridículo, así dice el doctor Izquierdo.


El diputado Luis Lander se le acercó al doctor Izquierdo y le dijo que habían visto la urna pero por fuera solamente. Que costó mucho trabajo abrir la de bronce. “El padre Pulido se pegó a levantar la tapa y se rompió un dedo”, le contó.


El doctor Izquierdo sorprendido preguntó: "¿No abrieron la urna de plomo?"

Lander le contestó que no. Que se había limitado a verla por fuera. Que ahí se veía la forma de los huesos, la pelvis, el sacro y los coxales, y que todo se marcaba claramente y que se veía la forma del cráneo.

El doctor Izquierdo exclamó:

- ¡Pero eso es una traición! Eso ha debido ser hecho en presencia mía porque yo soy el demandante.

El doctor Lander señaló que él se había empeñado en que lo llamaran pero que se opusieron el doctor Perera y el doctor Rafael Caldera, y que a la final se opusieron todos los demás.


Fue entonces cuando el doctor Izquierdo preguntó que cómo era que habían podido ver a través del plomo, a lo que Lander respondió que así se veía porque la hoja era muy delgada y "uno toca y siente los huesos".

El doctor Izquierdo no podía creer lo que escuchaba y añadió que eso era imposible que al menos tendría que ser como del grueso de los papeles plateados de algunos cigarrillos y que entonces no hubiera sido posible sacarlas pues se hubiera desbaratado.

Lander añadió que ellos la levantaron y vieron por todos los lados, que por cierto se veían como unas marcas raras, como unos tajos.


El doctor Izquierdo les observó que esa era la prueba de que había sido violada y que él tendría que estar loco para creer que ellos hubiesen podido ver los huesos así de esa manera.


Es decir, lo cierto era que no habían visto el interior de la urna.

El planteamiento final de Andrés Eloy Blanco a la Asamblea Nacional Constituyente fue que después de todo, la investigación no había sido inútil. Que aquella era la ocasión de ofrecer al Libertador otra urna más digna de él y de los venezolanos. Esa nueva urna deberá ser de cristal y oro: oro de nuestra Guayana con perlas de nuestro mar. “Esa urna deberá ser sufragada por los venezolanos; pero que ninguno dé más de un bolívar. Que se abra, pues desde ahora mismo una suscripción para que cada venezolano dé un bolívar para la urna de su Bolívar; yo la empiezo aquí está de una vez mi bolívar".

"Ya no tendremos, pues, más temores para abrir esa urna. La abriremos para cambiarla por otra más digna de nuestro Libertador. Y en eso no habrá profanación. Con tal motivo podremos ofrecer un jubileo a toda la América. Que venga aquí toda la América el día en que sus huesos sean sacados de su urna de plomo para ser colocadas en la de cristal y oro".

Finalmente intervino el doctor Rafael Caldera quien criticó algo que el doctor Izquierdo había dicho anteriormente, que era una patraña lo de la cama natal del Libertador. Después señaló que la nueva urna del Libertador debía ser relativamente sencilla para evitar tentaciones de codiciosos aún internacionales.

Dice el doctor Izquierdo que Caldera se exhibió histérico y dio fin a aquel simulacro de discusión con estas histéricas palabras: "no es posible suponer que haya existido un venezolano tan perverso que se haya atrevido a profanar los restos del Libertador".


Dice el doctor Izquierdo que ni un solo comentario fue expresado acerca de sus argumentos o los de sus opositores: la Asamblea aprobó ciegamente el informe de la Comisión y resolvió publicar en un libro todo el proceso relativo a aquel cráneo autopsiado.


Luego añadió Izquierdo, que le envidia y la política impidieron pues una demanda razonable y alta trascendencia para el patriotismo y para la verdad histórica. Muchos diputados le habían manifestado en conversaciones privadas que compartían su sospecha y que creían necesario abrir la urna del Libertador; pero su sinceridad no alcanzó tanto interés beneficiario en el ambiente político imperante.


En el Epílogo del libro, añade Izquierdo que el proceso de averiguación revistió desde su principio el aspecto de farsa tenazmente empeñada “en que mis razones fueran conculcadas por el sofisma y la traición que culminaron en la insolente afirmación de que los huesos del Libertador fueron percibidos por el tacto, por la vista y por la percusión a través de las paredes de plomo de su urna.”

Los indicios históricos en favor de su criterio fueron los siguientes:

1- en la cripta saqueada, donde yacía los restos del Libertador, apareció un cráneo con las características póstuma del cráneo del Libertador.

2- esos restos no fueron revisados cuando su traslado al Panteón Nacional.

3- La chapa de la urna estaba totalmente desprendida y resquebrajada, por lo cual así también estaba su sello si lo hubo.

4- fracasó con estrépito de pantomima el empeño de demostrar que en aquella cripta se podían conseguir otros cráneos siquiera con probabilidades de igual característica.

5- acérrimo odio persiguió Libertador aún más allá de la tumba.

6- he sido discutido solamente en cencerreos y corrillos: no he sido refutado por la prensa.

7- mis opositores ratificaron con traición inicua, su impotencia. Escondidos y prevalido de su carácter oficial, hicieron en el Panteón un simulacro para declarar improcedente mi denuncia.

Y para concluir señaló que si aquella urna hubiese sido reabierta y aparecía en ella un cráneo autopsiado, la duda subsistiría siempre por no haber sido abierta oportunamente, cuando mi denuncia, o siquiera expuesta e irreprochablemente sellada en presencia mía y de mis opositores, de quienes con mentiras me combatieron, de quienes sin abrir la urna de plomo dijeron haber reconocido los huesos del Libertador; hay derecho para sospechar que se pudiera buscar un cráneo antiguo e históricamente lo acondicionaran para introducirlo furtivamente en esa urna".

Por todo lo anterior queda en la mayor expectación saber si hoy, cuando ya se ha abierto esa urna se podrá saber si efectivamente el ADN del cráneo allí encontrado sea el del Libertador, y entonces José Izquierdo podrá descansar en paz, después de 63 años de haberse planteado tan justa y noble investigación.

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